Ciudades que crecen hacia abajo: ¿una solución a la falta de espacio?

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En 2040 el 70% de la población mundial residirá en grandes ciudades, según estimaciones de las Naciones Unidas. Ese movimiento de población ya está exigiendo la búsqueda de soluciones en las grandes localidades que pasan, ineludiblemente, por ampliar su capacidad habitacional.

Sin embargo, muchas ya sufren la falta de espacio condicionadas por su ubicación. En esos casos, solo hay dos posibilidades: mirar hacia arriba… o hacia abajo. El subsuelo hasta ahora ha sido utilizado principalmente para crear vías de transporte y acoger la red de suministros, pero cada vez más urbanistas entienden que sus posibilidades son mucho mayores.

“Hay verdaderas oportunidades de desarrollo subterráneo para ciudades que ya están superpobladas o que están creciendo –afirma Clara Irazábal, profesora de Arquitectura y Planificación en la Universidad de Columbia (Nueva York)–. Es algo que puede ampliar la eficiencia, reducir los tiempos de desplazamiento y mejorar la calidad de vida”.

 

Singapur: la ciencia bajo los pies

Esta ciudad-estado (5,5 millones de habitantes en una superficie de tan solo 710 km2) lleva tiempo desarrollando proyectos bajo tierra. Ya cuenta con una colosal planta de almacenamiento y tratamiento de petróleo a varias decenas de metros de profundidad.

Pero su propuesta más ambiciosa es construir la Ciudad de la Ciencia Subterránea: 300.000 m2 de instalaciones para la investigación que, si se concluyen, podrán acoger a 4.200 personas. Su jornada laboral se desarrollará a entre 30 y 80 metros bajo la superficie, dependiendo del nivel en que se ubiquen.

 

El ‘Rascasuelos’ de Ciudad de México

El estudio de arquitectura BNKR diseñó una pirámide invertida, a la que llamó Rascasuelos, que se extendería por el subsuelo de la capital mexicana en 65 niveles. Acogería viviendas, comercios y oficinas. Un proyecto muy ambicioso que, por ahora, no ha pasado de la fase de estudio.

La estructura del edificio, de cristal y acero, con un grueso perímetro de hormigón para soportar la presión de la tierra, dejaría diáfano su eje central por el que penetraría la luz y el aire. El presupuesto estimado era de 800 millones de dólares. Sus responsables querían demostrar con esta propuesta las posibilidades que ofrecen las profundidades urbanas.

 

El queso ‘gruyere’ de Helsinki

La capital finlandesa se asienta sobre un lecho de granito propicio para soportar todo tipo de construcciones. “Debajo de la ciudad hay otro mundo –explica Eija Kivilaakso, urbanista que colaboró en el trazado de un mapa de los espacios subterráneos–. Hay tantos túneles que encontrar un espacio bajo tierra puede resultar difícil. Hasta los 30 metros está lleno. Por debajo, hay más espacio”.

Aunque no solo hay túneles. En los casi 10 millones de metros cúbicos de espacios excavados pueden encontrarse centros comerciales e instalaciones deportivas, desde pistas de atletismo hasta piscinas.

 

Los residentes subterráneos de Pekín

Se estima que en la capital china alrededor de un millón de personas viven en una red de espacios subterráneos, mezcla de refugios antiaéreos y sótanos reconvertidos, que ha ido creciendo por la enorme demanda de vivienda y los precios prohibitivos del mercado.

Annette Kim, investigadora de la Universidad del Sur de California, explica que “las condiciones de las viviendas en algunos casos son terribles, pero lo sorprendente es que también hay lugares muy agradables, en relación a los estándares de Pekín”. Y añade: “Si seguimos viviendo esta rápida urbanización y la gente quiere ir a las grandes ciudades, vamos a tener que pensar cómo habilitar espacios en el subsuelo para hacerlos cómodos y sostenibles”.