Cómo hacer un huerto en casa

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Cuando decidimos cultivar nuestros propios alimentos en el jardín, surgen muchas dudas: ¿qué debo plantar según la orientación de mi casa?, ¿qué tipo de drenaje necesito?, ¿qué macetas son las idóneas? o ¿qué inversión debo hacer? Sin embargo, lo que parece complicado en un principio es más sencillo de lo que parece. Y los beneficios que se consiguen teniendo uno en casa son innumerables. ¿Quieres saber qué pasos debes seguir para cultivar tus propios productos?

Qué materiales necesitamos

En primer lugar, hay que analizar el espacio disponible porque éste marcará la tipología de recipientes que usaremos. Por ejemplo, si tenemos un lugar amplio podemos optar por mesas de cultivo, que tienen mayores dimensiones y ofrecen muchas ventajas: al estar más altas, es más cómodo trabajar en ellas e instalar un sistema de riego automático resulta muy sencillo.

Otra opción igual de válida son las jardineras: obviamente ocupan menos espacio pero permiten plantar diferentes tipos de alimentos en cada una de ellas y eso hace que el cuidado de las mismas sea más fácil porque a cada jardinera le daremos un tratamiento personalizado. Lo mismo ocurre con las macetas, que tienen la virtud de que podemos trasladarlas al interior o al exterior según necesitemos y además, son muy económicas. Quizá el mayor inconveniente es que es difícil programar el riego automático en ellas y por tanto, tenemos que optar por un procedimiento manual.

Otro de los ingredientes clave es el sustrato, una mezcla de tierra, arena y restos de vegetales que son el alimento de tu futuro cultivo. Es importante que compres uno de calidad, que tenga suficientes nutrientes y que sea el adecuado para el tipo de plantación que quieras hacer. Del sustrato, dependerá que tus vegetales y hortalizas crezcan sanas y fuertes.

Cómo usar el agua y no equivocarnos

A la hora de regar nuestro huerto suelen surgir muchas dudas: ¿qué cantidad es necesaria?, ¿con qué frecuencia? o ¿en qué momento del día es mejor regar? La respuesta depende de muchos factores. Entre otros, el factor ambiental y estacional. Por ejemplo, no es lo mismo regar en verano que en invierno. Aquí tienes algunas claves: en primavera, hay que regar una o dos veces al día y mejor al atardecer; en verano hasta 3 veces y en abundante cantidad con la caída del sol;  y en otoño e invierno, basta con una  sola vez y en este caso, mejor al amanecer.

También hay un punto importante a tener en cuenta y es el sistema de riego que más te conviene. La manguera la utilizaremos para huertos pequeños, como los que se suelen tener en casa. Si es cierto que lleva algo de tiempo este método y a veces, hay que asegurarse de que llegamos a la profundidad de la tierra, donde están las raíces.

Si lo que tienes son macetas y jardineras, con una regadera podrás cubrir de agua todas las hortalizas y es un sistema tan básico como eficaz. Y si tienes uno grande quizá te convenga un sistema automático, el método por aspersión es fácil de instalar y sirve para realizar un riego uniforme. La ventaja es que el agua llega hasta las raíces pero cuidado, porque también alcanza las hojas y tallos de las plantas, así que hay que vigilarlo para que no se produzcan hongos.

Por último, sólo te queda decidir qué quieres plantar. Por ejemplo, si lo que deseas es tener hortalizas, hay una gran selección: acelga, calabacín, alcachofa, brócoli, zanahoria, tomate… y de ellas dependerá el tipo de cuidado. Si son vegetales con jugo, como los tomates o calabacines, utiliza un riego regular. Si tienen hojas, como las cebollas o los ajos, riégalos con poco agua.