¿Cuánto cuesta una reforma en casa?

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Embarcarse en la reforma de una vivienda es un proyecto que puede resultar tan ilusionante como estresante, más aún si de lo que se trata es de darle un buen lavado de cara a la misma casa que se habita. La ansiedad aparece, en muchas ocasiones, con la necesidad de tomar un gran número de decisiones entre un gran abanico de posibilidades y la mejor manera de reducirla es contar con la suficiente información para asegurar que todos y cada uno de los pasos se asientan sobre buenos argumentos.

Buena parte de estas decisiones estarán necesariamente determinadas por el presupuesto asignado. El precio final de una reforma dependerá de múltiples y variados factores, desde su envergadura y complejidad hasta la calidad de los materiales y los acabados elegidos, pasando por el número de profesionales involucrados o la urgencia, si la hubiera.

De forma orientativa, si se trata de una reforma integral, cabe esperar que el precio final oscile entre los 300 y los 400 euros por metro cuadrado si se eligen calidades básicas y entre los 400 y los 500 euros para calidades de gama media. En el caso de que se opte por materiales y acabados especiales o de alta calidad, es probable que el precio por metro cuadrado supere los 600 euros. Por otro lado, la diferencia en la cuantía de los presupuestos de distintos proveedores para trabajos similares puede ser considerable por lo que nunca está de más solicitar varios de ellos.

Si, además, la reforma va a ser acometida en la misma vivienda en la que se vive hay que sumar el coste añadido de procurarse un alojamiento alternativo por el tiempo que duren las obras, al que habrá que trasladar todos los enseres de supervivencia necesarios para ese periodo… A no ser que se opte por otra posibilidad: la de convivir con las obras.

 

Vivir en una casa en obras

Expectativas insatisfechas, plazos que se alargan o imprevistos de cualquier naturaleza son circunstancias con las que, en mayor o menor medida, se suele lidiar a medida que la vivienda va tomando forma y que pueden resultar especialmente molestas cuando alteran directamente la rutina diaria de un hogar. La incomodidad es, sin lugar a dudas, el principal inconveniente a tener en cuenta a la hora de decidir quedarse o no en la vivienda mientras se efectúa la reforma.

Contar con unas obras como compañero de piso eventual alterará, inevitablemente, la tranquilidad y la limpieza de cualquier domicilio. Además, también se compartirá techo con un ir y venir de profesionales cuyo trabajo debe ser facilitado y respetado. En lo relativo a los plazos, lo habitual es que la reforma se demore algo más en el tiempo si se opta por no abandonar la vivienda ya que se debe fragmentar el proyecto al no poder simultanear todos los trabajos.

En todo caso y antes de entrar a valorar esta alternativa, es primordial determinar si es efectivamente viable. Por razones obvias, no se podrá permanecer en una vivienda que no mantenga al menos un baño habilitado en todo momento, por poner un ejemplo, al igual que será imprescindible que se disponga de un trastero o del suficiente espacio para maniobrar con el mobiliario y almacenar el material de obra durante las distintas etapas del proyecto. Además, puede que no se trate de la opción más aconsejable si en la vivienda habitan niños pequeños o personas mayores.

En definitiva, se trata de que los beneficios, en términos fundamentalmente de ahorro, superen a los inconvenientes. Si ni los ruidos, el polvo u otras molestias temporales son impedimento suficiente, lo aconsejable es acometer el proyecto de reforma con la máxima planificación. Dar con un profesional acreditado y de confianza y conocer por adelantado su plan de trabajo (y el de contingencia ante posibles imprevistos) será vital para reducir la incertidumbre, organizarse en consecuencia y evitar las frustraciones. Al fin y al cabo, se trata de un pequeño sacrificio personal y económico, pero transitorio, que traerá consigo grandes beneficios futuros en forma de un hogar a medida.