…Del arte monumental al arte gastronómico de León

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Se dice que la vida es un viaje continuo lleno de estaciones y paradas, y mi experiencia me dice que así es. Mi última estación : León, mi tierra, donde la idea de formar un hogar se hizo rápidamente atractiva.

Dos ideas me apasionaron enseguida: la comodidad de la ciudad y que el arte monumental y el arte gastronómico se mezclan de manera magistral. Una vez más, la experiencia me ha demostrado que aquí, la mezcla de la vida familiar y la vida social es algo cotidiano.

¿A quién no le gusta tomarse una caña, o un buen vino y una tapita al final del día?. O, mejor todavía: poder pasear sin dejar de contemplar arte por doquier mientras tapeas. ¿Ideas atractivas no?

Cuando paseo y tapeo lo único que tengo que pagar es el vino o la caña. Sí, así como os lo digo: por cada consumición se puede elegir una tapa gratis. Además, puedo recorrer todas sus calles sin necesidad de utilizar el coche. Estos son algunos de los motivos por los que León atrae.  Es en un lugar económico, alegre y jovial.

La estampa diaria de sus calles está plagada de gente. En cualquier momento te puedes encontrar a alguien conocido si decides salir de vinos. Como norma general, el leonés, de nacimiento y de adopción, tiene mucha vida social.

 León es para muchos un paraíso del buen comer. La exquisitez y variedad de sus tapas y sus platos convierten a esta ciudad en referente ineludible para el buen gastronómico. Además de innumerables y espectaculares tascas y restaurantes esparcidos por la ciudad, es imprescindible hablar del Barrio Húmedo, zona mítica de la ciudad para ir de vinos y cañas; o del Barrio Romántico; zona más actual para practicar esta buena costumbre.

Tapear se convierte en un paseo con arte…

Estas dos zonas  situadas en el centro histórico de la ciudad están separadas por la transitada Calle Ancha, en el casco antiguo. Cómoda de recorrer porque es peatonal, en ella es imposible no degustar una inmensa variedad de tapas, hasta llegar a contemplar la maravillosa catedral de estilo gótico, famosa por sus impresionantes vidrieras. ¡El paseo, os lo aseguro, se convierte en más que apetecible!

De visita imprescindible es El Bar Ezequiel, dónde suelen servir unos estupendos garbanzos guisados o un buen plato de embutido.  Un poquito más adelante, en La Trastienda del 13, si te gusta la ensaladilla, puedes pedir una Paloma (alguien que sea amante de la ensaladilla, no debe privar a su paladar de este manjar) mientras disfrutas de la espectacular iluminación de la Catedral.

La siguiente parada puede estar en La Plaza mayor. Típica construcción castellana dónde me gusta disfrutar del encanto de sus edificios, como el antiguo ayuntamiento, hoy centro multicultural. Bajo uno de los soportales se encuentra el moderno Gastrobar Mama Tere. Allí tomar un vino de la tierra, junto a la tapa correspondiente (el stick de mango o el pollo picante no suelen faltar), se vuelve en una experiencia única. Mientras tapeas puedes observar un rinoceronte azul colgado en la pared, inmerso en una mezcla de decoración vintage y colonial, como si del mismo África se tratara. Sí, sí, ¡cómo te lo cuento! Así es León!

El Barrio Húmedo representa la esencia de la ciudad histórica con calles estrechas y varias plazas irregulares. Caminar por la plaza de San Martín, la de Don Gutierre o por la famosa plaza del Grano te deja con la boca abierta, no sólo por la belleza de sus rincones, sino también, porque prácticamente a cada paso que das te puedes tomar un piscolabis. Sin exagerar, un paseo por el centro de León es un gusto para la vista y para el paladar. Disfrutar, como ya he dicho, gratuitamente cuando pides un vino o una caña, o aquello que te apetezca beber, de una exquisita morcilla en La Bicha, de una esponjosa tortilla en El Tizón, de unas gambas o una cecina en El Latino, de unas croquetas caseras en El Rebote (cualquier sabor que te puedas imaginar está convertido en croqueta) o de unas patatas picantes en El Flechazo, es imprescindible cuando te adentras en este barrio mítico de León.

Pero el paseo puede comenzar o terminar, justo al otro  lado de la mencionada calle Ancha: en el Barrio Romántico.

Situado al lado de la muralla y bordeando el parque de El Cid, también te ofrece una extensa variedad de locales para poder tomar unos vinos y unas tapas gratis. Es recomendable tomar unas sopas de ajo o unas patatas en el Camarote Madrid (local con una llamativa decoración taurina), o una paloma de ensaladilla o un bocadillo de calamares en La Monalisa, dónde si el hambre “aprieta” –como decimos en León- tienes que  ir,  porque sus tapas son súper abundantes. En la plaza de Torres de Omaña, puedes comer una cecina que te quita el hipo en La Taberna Pajarín, también rincón taurino, o un picadillo con patatas en La Trébede dónde, a pesar de ser un local reducido, siempre hay un ambiente muy animado.

Caminando un poquito por la calle Fernando Gómez Regueral, está La Ribera, dónde un vino o una caña, acompañando a unos mejillones en salsa de tomate te dejarán un magnífico sabor de boca. Con esta buena sensación en el paladar se puede cerrar el tapeo (por un día, claro) observando La Basílica de San Isidoro, joya del románico y enmarcada en uno de los lugares con más encanto de esta ciudad.

Además, es necesario destacar que, en León,  a pesar de este tumultuoso ambiente diario (acrecentado los fines de semana), la tranquilidad no brilla por su ausencia; brilla porque también se respira en el ambiente. Ciudad ambiental y tranquila para residir, donde el ocio y el disfrute de la familia son dos conceptos usuales y entremezclados. En definitiva, León es recomendable para vivir, pasear e…ir de tapas.