Miles de tambores y una noche en vela: así recibe Mula la Semana Santa

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Minutos antes de la medianoche entre el martes y el miércoles Santo, se respira expectación en la plaza del Ayuntamiento de la localidad murciana de Mula. Con el minutero a punto de alcanzar las 00:00h, miles de palitos se elevan sobre las cabezas de una nube de nazarenos, que los chocan entre sí creando un largo susurro de madera. Este sonido será lo más cercano al silencio que Mula escuchará durante las próximas 14 horas: cuando el día acaba, con la plaza a oscuras, una banda toca la llamada a la tamborada. A la señal, los nazarenos bajan los brazos y los tambores comienzan a redoblar al característico ritmo muleño. No pararán de sonar en toda la noche.

Este es el punto de partida de la noche de los tambores, la tradición más singular de Mula, una localidad de algo menos de 17.000 vecinos situada en el centro de la Región de Murcia, a apenas 40 km de la capital. Se cree que la celebración, declarada de interés turístico nacional, se originó en el siglo XIX: las primeras evidencias escritas de su existencia datan de mediados de este siglo y, curiosamente, documentan su prohibición. Al parecer, en un principio se trataba de una forma de protesta frente a las autoridades y, consiguientemente, éstas intentaron acallar los tambores. De hecho, aunque el empuje popular mantuvo vivo el ritual del tambor, no fue hasta después del franquismo cuando los poderes públicos comenzaron a apoyarlo.

Cualquier persona está invitada a participar de la tamborada, únicamente se necesita un tambor y una túnica negra; el capirote es opcional. Tras el redoble inicial, los tambores se dispersan esparciendo su sonido aquí y allá, animando las calles de Mula. No es raro asistir a las llamadas ‘pánganas’, una competición entre nazarenos por ver quién toca mejor o quién lo hace por más tiempo, y tampoco es de extrañar que, conforme la noche avanza, las pieles de algunos tambores acaben por rasgarse o que las manos de quienes los tocan con empeño se cuarteen hasta llegar a sangrar.

La noche de los tambores no está hecha para dormir y no se admiten protestas: el permiso municipal para tocar no expira hasta las 4 de la tarde del miércoles. Al igual que Mula, otros municipios españoles (entre ellos, su vecino Moratalla) incluyen las tamboradas en las celebraciones de sus Semanas Santas. Estos rituales del tambor podrían convertirse en patrimonio inmaterial según la Unesco ya que, recientemente, el gobierno central ha presentado la solicitud destacando que “los tambores crean un paisaje sonoro tanto individual como colectivo, identitario y singular”.

Consigan o no hacerse con la declaración, parece que el número de visitantes y curiosos que se acercan a Mula cada año seguirá aumentando. Quien lo haga, además de participar en una tradición única, podrá sacarle el jugo al patrimonio histórico y artístico de la localidad: algunas paradas imprescindibles son el renacentista castillo de los Vélez, el Real Monasterio de la Encarnación (donde desde finales de 2016 muestra una de las espinas de la corona de Cristo) o la iglesia de San Francisco (siglo XVI).

Ahora bien, Mula está lejos de ser el destino idóneo para aquellos que busquen un remanso de paz y tranquilidad para sus vacaciones de Semana Santa: los tambores volverán a sonar el Viernes Santo y el Domingo de Resurrección.