Vilalba: historia, naturaleza… y deliciosos capones

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Terra Chá, en gallego, Tierra Llana o Tierra del Miño son las denominaciones con las que se conoce a la comarca más extensa de todas en las que se divide Galicia. Situada al noroeste de la provincia de Lugo y a 34 km de la capital, el municipio de Villalba (Vilalba, por nombre en gallego) es la capital de esta tierra de llanuras, lagunas y pastos que ha estado poblada desde tiempos remotos: aún se conservan vestigios del Paleolítico.

De sus milenios de historia hablan los yacimientos arqueológicos, los restos de sepulcros megalíticos y las huellas de asentamientos castrenses… aunque lo primero que atrae la mirada del visitante es la majestuosa torre del Homenaje, antigua fortaleza del castillo de los Condes de Andrade que data del siglo XV y que actualmente es la sede de uno de los Paradores de Turismo nacionales con más encanto de la geografía española.

Para hacerse una buena composición de esta Tierra Llana, el monte Monseivane hace las veces de mirador natural. Su altitud es de apenas 929 metros, pero es el pico más alto de la Sierra de la Carba. Allí, se puede ver cómo el agua domina el paisaje natural en distintas formas, esto ha hecho que estas tierras tan muy propicias para el desarrollo de la agricultura y la ganadería, principales motores económicos de la región. En los alrededores, podemos encontrar la playa fluvial de la Magdalena (tres hectáreas habilitadas como zona recreativa), la charca del Alligal, donde es posible bañarse y beneficiarse de sus propiedades medicinales, y varios ríos, con sus respectivos cotos de pesca.

Como es común en Galicia, del municipio de Villalba (con aproximadamente 15.000 vecinos) dependen un buen número de parroquias, casi una treintena. Por lo tanto, no es difícil adivinar que, si cada parroquia tiene su patrón, en el calendario anual de la Tierra Llana no faltan festejos. Ahora bien, las dos grandes citas que han dado a Villalba fama mundial no están ligadas al santoral, sino a su patrimonio gastronómico.

Por una parte, está la feria del queso San Simón da Costa (Festa do Queixo), que se celebra anualmente el primer domingo del mes de abril y es la oportunidad perfecta para degustar este queso de la zona, que cuenta con denominación de origen protegida. Está hecho de leche de vaca con una forma de cono característica, casi como una peonza, es elaborado a mano y ahumado después. Si todavía no has tenido ocasión de probarlo, en los días de la feria es posible catarlo solo o como ingrediente de las distintas propuestas que compiten en el popular concurso de tapas.

Pero, aún más célebre es la feria del capón, una cita con 200 años de historia que tiene lugar días antes de la Nochevieja, cuando se venden al mejor postor estos excepcionales gallos de los que se da buena cuenta durante las fiestas navideñas. Por la mañana, en la plaza de la Constitución, se llegan a reunir unas 5.000 almas: hay quien puja y quién únicamente disfruta del espectáculo de la subasta. El capón cotiza al alza y la pieza puede superar fácilmente los 100 euros. El precio se justifica por el cuidado proceso de selección y censado de los animales, que antes de llegar a las cestas de subasta con 8 meses de edad, han sido criados primero en libertad y luego en sus caponeras, donde se les ceba manualmente con bolas de maíz mojadas en agua caliente.

Antiguamente, estos capones eran moneda de cambio para pagar por rentas o tributos de vasallaje, hoy no es raro que sigan utilizándose para pagar favores. Ya saben, si tienen una deuda pendiente, quizá sea una buena idea liquidarla con una de estas piezas. Con suerte, el favor volverá a ustedes en forma de invitación para degustar, ya asado a manera tradicional, uno de los capones más sabrosos del mundo.

 

 Foto cortesía del Ayuntamiento de Vilalba